Agenda Cultural » Entrevista Mica Sancho

Reflexiones de una artista fueguina.


¿Cómo llegaste a la música?

En mi casa siempre se escuchó mucha música variada, y mi mamá me llevaba a conciertos. A los 8 años fuimos a ver una Orquesta de música clásica y quise aprender violín. En mi casa me alentaron mucho, me tomaron enserio y siempre me sentí muy cómoda en los espacios que involucraban la creatividad o lo artístico. Empecé con el conservatorio estudiando violín a los 8, después hice el secundario en el Polivalente de Arte que le tengo mucho cariño y es para mí un pilar fundamental en mi formación; de adolescente encontré mi identidad como música en el canto y desde ahí seguí especializándome en eso durante toda mi carrera, tanto a nivel académico como práctico,  donde uno se encuentra con gente y situaciones de las que se aprende mucho y lo hacen crecer.


¿Además de la música, que otras artes has transitado?

Siempre hice varias cosas de chica, como danza o dibujo, pero lo que más hice de grande, además de la música, fue Circo. En ese ambiente aprendí algo de teatro clown, acrobacia en tela, manipulación de elementos, acrobacia de piso, maquillaje artístico... Conocí gente hermosa que me acompaña hoy en día, llegué a trabajar bastante con eso en números artísticos para eventos, y fue un complemento importantísimo para mi carrera como cantante para desenvolverme en el escenario y en mi percepción corporal.


Has formado parte de numerosos proyectos culturales independientes en Ushuaia ¿En qué proyecto te sentiste más desafiada? ¿Y por qué?

En varios me sentí desafiada, y me demandaron aprender cosas nuevas rápidamente.

Lo primero me viene a la cabeza es la obra de Cristina Moreira "Contigo hasta el Fin del Mundo", que fue un desafío porque mi papel involucraba una parte teatral muy grande que yo no tenía y había que estar a la altura de mis compañeros que era un elenco de todos grandes profesionales que yo admiro mucho, así como la directora.

Otro proyecto muy importante para mí fue la Variete de Miércoles. Un proyecto menos personal, de hecho yo actuaba esporádicamente, pero requería un esfuerzo muy grande, con mi compañero, Ariel Segundo. Los dos trabajábamos y estudiábamos y además a la noche íbamos a hacer la Variete. Ese esfuerzo lo hacíamos con un amor tremendo, porque era una responsabilidad mantener a flote ese espacio de la mejor manera posible, para que existiera y estuviera disponible para los artistas, creo que fue un espacio muy importante para el arte y la cultura en la ciudad.

 

¿Qué estás haciendo en Buenos Aires?                          

En Buenos Aires estoy principalmente estudiando en la Escuela de Música Popular de Avellaneda.  Fue una decisión muy grande venir a vivir acá, requirió mucho esfuerzo, pero que me hace muy feliz.  Además de poder estudiar lo que me gusta, una como joven criada en la isla siente la necesidad de conocer algo más afuera. 

La EMPA es una institución que me encanta más allá del programa académico, me encuentro con docentes que son una inspiración tremenda y con compañeros que siguen el mismo camino, una aprende mucho de compartirse con el otro.

 Además de eso estoy tocando con grupos, estudiando cosas nuevas, conociendo gente, planeando proyectos, siento que es una etapa de crecimiento y la estoy aprovechando todo lo que puedo.


¿Con qué experiencia o proyecto sentís que podes acercarte más a las nuevas generaciones de jóvenes creadores?

Con las capacitaciones, me parece muy importante poder volver a la ciudad y trabajar con clases o seminarios y compartir lo que yo estoy trabajando en Buenos Aires. Yo también fui artista en la isla y cada capacitación que llegaba la tomaba, así uno va enriqueciendo su formación como puede.

Para mí también es un crecimiento enorme la experiencia de transmitir, siento que puedo afianzar mejor los conceptos, además el ejercicio de la docencia a mi me encanta, lo hago con mucha alegría, es algo que me apasiona.

 

 ¿Cómo ves la formación artística en Tierra del Fuego?

Creo que  es algo que está creciendo muchísimo. Cuando yo era chica no había tantas academias de baile, escuelas de música o profes para estudiar, apoyo y promoción, no solo del sector privado sino también gubernamental, municipal, de la universidad. Eso es notable, aunque creo que todavía queda un camino muy largo por recorrer. 

Hoy en Tierra del Fuego no hay una carrera para músicos u otra disciplina artística, que pueda ofrecer un programa académico completo y una certificación valida (a excepción de las artes audiovisuales que ahora está presente en la UNTDF). Además, los artistas tenemos una formación que involucra mucho lo práctico, no es solo la  licenciatura o profesorado que estudies, interesan más los espacios donde uno se desenvuelva, donde pueda tocar, con quienes te relaciones, todas experiencias que todavía no tienen lugar en la isla. 


¿Qué les dirías a los jóvenes actores culturales fueguinos?  

 Les diría que no teman a apostar en su carrera. Es difícil dedicarse a lo que uno quiere, sobre todo cuando es de la rama de las artes, uno se ve obligado a defenderlo todo el tiempo. Creo que no hay que conformarse con lo que está disponible, en Ushuaia específicamente hacen falta lugares no solo de formación artística, sino también de encuentro y puesta en escena, y eso no lo puede generar un político ni un empresario, tiene que nacer desde los artistas. Creo firmemente que esa debe ser la lucha de los artistas fueguinos y milito por eso.

Yo me fui a seguir aprendiendo afuera, pero antes de eso fui testigo y participé de espacios nuevos que generaron encuentros hermosos: la Variete, El Ushuaia Under, el Centro Cultural Ai-car Ankalli, clases, talleres, eventos, proyectos artísticos profesionales, bandas con creaciones propias. La cantidad de cosas que hay para hacer no tiene que ser frustrante sino motivador. 

Si no existe hay que crearlo, es necesario una generación de artistas emprendedores que validen la profesión, creen los espacios que están faltando y una sociedad que apoye y banque eso. La cultura fueguina va a ir creciendo y profesionalizándose de la misma manera que sus actores.

El arte es algo que demanda mucho estudio, dedicación, esfuerzo, amor, altibajos, práctica y más práctica.  Pero el rumbo que uno quiere dar a su carrera es decisión de cada uno, no del destino ni de las posibilidades que nos ofrece el contexto. Con convicción y trabajo todo es posible, y los resultados son por demás enriquecedores.

Estamos hablando de profesiones que uno elije porque a uno le apasionan y le hacen ver el mundo de otra manera, ¿qué mejor que apostar todo a eso? Cuando uno  decide, cree y se empieza a mover,  el mundo responde a eso automáticamente, todo empieza a funcionar y a hacerse posible, solo hay que creer que uno es capaz y trabajar para eso todos los días. 

 




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