Agenda Cultural » Florencia Lobo - Poemario

Editado por El Suri porfiado, el poemario de Florencia Lobo fue presentado recientemente en la provincia. Ella es editora y correctora, joven mujer de convicciones y creadora de El lento deambular de las tormentas. 


De acuerdo a tu experiencia, ¿cómo es el trabajo de edición de un libro, qué etapas y obstáculos se presentan, y cuáles son las expectativas que sostienen el deseo?

En mi caso, yo estuve mucho tiempo para armar el libro. Me gusta tomarme el tiempo para hacer ciertas cosas. Este libro reúne poemas de diferentes épocas de mi vida y que no fueron, por eso, escritos bajo un concepto único y con el fin primario de conformar un libro. De a poco los fui trabajando y me fui animando a “sacarlos a la luz” (porque soy en realidad bastante tímida). Me fue más fácil compartirlos con una pantalla de por medio, porque no soy muy amiga de leer en público. No es algo por lo cual me desespere; de hecho, todo lo contrario. Pero digamos que la publicación se fue dando un poco empujada por otros u otras, por lo grato de algunas devoluciones, y agradezco que haya sido así, porque si no quizás todavía estaría pensando en si valía la pena publicar o no.

Me decidí a publicar en libro cuando me di cuenta de que esos poemas podían conformar una unidad. Fui buscándoles el punto de unión, y así fue apareciendo un orden. Cambié algunas veces de rumbo, de título, de estructura, y finalmente quedó esto que es hoy. En todo esto de la creación hay para mí mucho de misterio, y me gusta que sea así. Hay quienes tienen formas de trabajar mucho más programáticas. Yo no, al menos en lo que respecta a mi lado más artístico (en el campo laboral es otra cosa).

En el medio, di a leer el libro a un par de personas, poetas amigos y amigas, admirados/as, en cuya mirada e intuición artística confío. La mirada de otros u otras es importante y necesaria para ver las cosas desde otro punto de vista, para corregir. Es algo común en el ámbito y creo que siempre vale la pena. Esto de tener “amigos editores”, a falta de un editor en las editoriales, porque no todas lo tienen, no todas incluyen ese rol. Hablo de editor en el sentido de quien se dedica a trabajar los textos, a hacer devoluciones a los autores, a tomar decisiones sobre el texto, no como sinónimo de “el que publica libros”.

La decisión de en qué editorial publicar no fue difícil. El Suri Porfiado es una editorial con sede en Buenos Aires pero que en general publica a autores de otras y diversas provincias, y también internacionales. Publicó a muchos/as poetas patagónicos que me gustan, incluidos los de la isla, y me gustaba la idea de que mi libro tuviera todos esos nombres como compañía en el catálogo. Es una editorial chica, independiente, dedicada a la poesía, y sus libros tienen un formato amigable, “de bolsillo” en serio, para poder meter en cualquier lado, una linda calidad y una estética muy particular, obra de la diseñadora Bárbara Paramio. Y sobre todo, ya conocía bien al editor, Carlos Aldazábal, también poeta.

Uno de los mayores problemas al publicar en editoriales independientes es el tema de la distribución. Y más, cuando se trata de libros de poesía, que suelen mandarse al rincón más oscuro en muchas de las librerías. Pero eso no me preocupaba demasiado. Hay instancias de circulación del libro que me interesan más que la venta en librerías, y quizás mis aspiraciones son muy pequeñas, y por eso bastante fáciles de colmar.

 

¿Cuál fue tu motivación para iniciarte en la poesía? ¿Y qué sentís que tiene de particular frente a otros géneros?

La poesía es para mí una búsqueda, en el lenguaje y en la lengua. Una búsqueda que permite volver un poco a lo lúdico, al asombro por las cosas, a la indagación por el mundo, no sé si para responder, pero al menos para “ preguntar el mundo”. La poesía permite tensionar el lenguaje, las reglas establecidas, y al menos en mi caso, conectarme con mi lado menos racional. Me gustan mucho los juegos de palabras, jugar con los dobles sentidos, poder correrme de la lógica para encontrar otras lógicas. También es un modo de expresar, de decir, cosas que de otro modo no salen, no logran salir. Hay veces en que en la simple unión de dos palabras que en general no se rozan, no se encuentran, se puede hallar alguna verdad. No la gran verdad del mundo, si es que la hay, pero sí una verdad pequeña que ayuda a transitar alguna cuestión. Por eso yo vivo asombrándome con la poesía. Sobre todo con la ajena, claro.

Por otro lado, yo soy alguien que habla poco, quizás rumeo mucho hacia adentro, pero no soy de expresarme larga y anchamente. Y el lenguaje poético está hecho de condensaciones: apunta a ir al hueso, a decir, con lo mínimo, lo más posible, es un lenguaje sintético y sumamente potente. Creo que por eso, encontré en la poesía un modo de decir las cosas como me gusta decirlas. Es un lenguaje acorde a la estatura de mi lengua, digamos.  Hay algo de alambique en la poesía: de líquido concentrado, de pócima mínima que aspira a no dejar inmune a quien lo tome.

No sabría decir cuál fue exactamente la motivación para empezar a escribir. Ya escribía en la secundaria garabatos que por suerte tiré o perdí, influenciada sobre todo por la poesía que encontraba en la música, más que en lecturas (soy una lectora de poesía bastante tardía. Solía leer más narrativa). Pero creo que fue al empezar a conocer a poetas de carne y hueso y a relacionarme con poetas o escritores/as que admiro, que me animé a mirar con ojos distintos algunas cosas que yo escribía y, a partir de ahí, a revisarlas, editarlas, corregirlas y, de a poco, compartirlas, como decía antes.

 

De acuerdo a tu mirada, ¿qué pueden encontrar los lectores y lectoras en tu libro? 

En el mejor de los casos, espero que encuentren poesía. Espero que se encuentren con palabras que interpelen. Con ideas, frases, líneas, poemas que interpelen. A veces –a mí me pasa–, de un poema me gusta o me queda resonando una sola frase. Y eso me basta. Espero que algo así, al menos, pueda pasar con los poemas de este libro cuando lo agarren los lectores y lectoras. Hay algunos poemas en particular que tienen que ver mucho con la isla, con el paisaje, las atmósferas, los climas de la isla (en especial, los que están en la parte titulada “Viento que gira sobre un centro”, si bien en todo el libro aflora este lugar). Climas no solo en el sentido meteorológico. También humanos, sociales. Y creo que, como alguien detectó por ahí, sobre todo, en el libro se deja ver mucho la profunda relación que tenemos, como humanos, con la tierra, con sus elementos, y yo en particular con la naturaleza. Soy tan feliz al leer, encerrada en una biblioteca, como al caminar por una montaña o un bosque o una costa o al estar sentada en un fogón. Soy bastante campestre y creo que eso se refleja también en lo que escribo. Tener algún tipo de contacto con la naturaleza menos toqueteada por nosotros es algo que necesito, siempre que pueda, en mi vida.


¿Qué lectura o título valorás para recomendar?

En poesía, recomiendo leer a poetas de la isla que vienen haciendo un recorrido hermoso y nutrido desde hace largo tiempo, como Julio Leite, Niní Bernardello y la querida Anahí Lazzaroni, que tristemente acaba de fallecer (creo que leer su poesía es una de las mejores y más lindas maneras de honrarla. Era una gran poeta, yo la quería mucho). Y también a otros y otras poetas más jóvenes de la isla, de generaciones más cercanas a la mía. En toda la Argentina, en realidad, hay poetas interesantísimos/as, que yo admiro. En la Patagonia, en el Norte, en todos lados hay poetas que me gustan y suelo recomendar. Algunos/as apenas figuran en las antologías más conocidas, en los circuitos de difusión de Buenos Aires –que suele mirarse bastante más a sí misma que al resto del país, con lo triste que es esto–.

Y hay grandes poetas contemporáneos que jamás va a estar de más leer. Pienso en el Teuco Castilla, Diana Bellessi, Jorge Boccanera, Alberto Szpunberg, Susana Cabuchi, entre muchos otros. Esto, por hablar solo de la Argentina.


¿Qué influencias reconocés en tu escritura y de cuál de ellas renegás?

No sé si puedo reconocer una influencia en particular (quizás a esto pueda decirlo alguien distinto de mí), pero creo que, al menos en este libro (no sé si siempre será así) hay mucha lírica, cierta influencia de lecturas de las corrientes más líricas de la poesía. La lírica ha sido muy despreciada por cierta poesía de las últimas décadas, y a mí me gusta reivindicarla, al menos en esta búsqueda poética actual. Como escribió Claudia Masin en el prólogo de un libro de Diego Roel, “lo lírico hunde sus raíces en el habla de los niños, de las mujeres, de los desposeídos de toda laya, e implica un gesto de ruptura y desobediencia. En un tiempo, en un mundo donde los discursos hegemónicos incitan a una postura de escepticismo, a una mirada cínica y distanciada, el lirismo insiste en hurgar allí donde –desde niños– se nos dice que no debemos: en el territorio donde dirimen su lucha la esperanza y la desesperación, donde crecen las preguntas improductivas, las que no tienen respuesta, las imposibles, y donde se genera también la posibilidad de la revuelta”. Me gusta mucho eso que dice.

Después, supongo que podrán encontrarse guiños o alusiones a algunos/as de los/as poetas que mencioné que me gustaban y que suelo leer. No sé si reniego de alguna influencia. Creo que es bastante común, en la escritura, el temor de estar haciendo algo demasiado parecido a lo que admiramos. No sé si es posible librarse de eso, pero sin que se vuelva algo angustiante o contraproducente, en todo caso es un temor que sirve para estar alerta.

Por otro lado, siempre es posible que, de acá a un tiempo, reniegue de algunas cosas que escribí. No lo sé. Sí sé que somos seres cambiantes, así que en todo caso creo que no veré mal ese renegar.


Gracias Florencia




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