Agenda Cultural » Willy Shoort - La actualidad de la música electrónica

Willy Shoort es músico, DJ y gestor cultural. Organiza desde hace 5 años el Festival Hain y las Walanika Blast, que continúan durante el 2017.


¿A qué te dedicas y cómo empezaste a vincularte con la música?
Empecé a estudiar música en el Polivalente de Arte y ahí fue cuando empecé a escuchar música. En un principio tocaba el piano, pero me gustaba la música en general. Cuando me recibí empecé a dar clases de música, pero sentía que necesitaba aprender muchas más cosas, y fue entonces cuando decidí viajar a Buenos Aires a estudiar Sonido, Grabación y Producción musical en la Escuela de Música de Buenos Aires (EMBA). Esto fue en el 2005. Llegué a Buenos Aires y empecé a ir a distintos eventos de música electrónica para conocer de qué se trataba. Hasta ese momento me había vinculado más con el punk y el hard core y no tenía la sensibilidad para identificar los matices dentro del género. En una fiesta vi a Goa Gil, un músico muy particular que hace Psychedelic Trance y fue una súper experiencia, ver a un señor de casi 60 años, durante 24 horas pasando una música de vanguardia me hizo ver que esa era la música que realmente estaba pasando en el mundo.


Desde una perspectiva global, ¿cómo es hacer música electrónica en Tierra del Fuego?
Habría que marcar distintas etapas en relación a la música electrónica en Tierra del Fuego. Creo que es antes y después de internet. Cuando yo era más chico, iba a las fiestas donde algunos músicos pasaban música en vinilo, pedían los discos en Europa, esperaban a que llegaran, y armaban las fiestas. Había todo un proceso para llegar a generar esa movida. Yo iba y la disfrutaba, pero no entendía bien qué trataban de transmitir. Sabía que había más géneros, que pude conocer recién cuando viajé a Bs As y fui aprendiendo y ampliando el espectro.


¿Cuál es el circuito de la música electrónica hoy en TDF?
En relación a los lugares, antes se podían hacer fiestas en restaurantes, carpas al aire libre y discotecas que estaban preparadas para pasar música electrónica. En un momento había distintos espacios, que con el tiempo fueron dejando de estar y hoy, el ambiente de la música electrónica es más reducido. Esperanto / Viagro son los únicos espacios, y la música electrónica es como el rock, tiene mil variantes. Hay una rama más underground, donde el concepto es más introspectivo y otra rama más comercial, que busca la masividad.


Sos parte de la organización del Festival Hain y las Walanika Blast. ¿Qué tienen de particular cada uno de los eventos?
El Festival Hain lo venimos haciendo desde hace 5 años con mucho esfuerzo, y este año no pudimos hacerlo por falta de apoyo. Hemos tenido apoyo pero se necesita más, no sólo por el dinero sino porque, por sus características, es difícil llevarlo a cabo. El Festival Hain es un encuentro de 3 días y 2 noches en los que hay talleres educativos y actividades de circo durante la tarde y durante la noche distintos espectáculos, bandas en vivo y proyectos de música electrónica de diversos estilos. La gente se queda a acampar, durante la noche se vive una experiencia audiovisual intensa y al otro día hay un montón de talleres que aportan mucha información y experiencias positivas, por ejemplo actividades de permacultura y alimentación saludable. Se llama Hain porque es un encuentro donde cada uno aprende valores que los ayudan a sobrevivir en el mundo, a respetar el bosque, a respetar a los demás. Siempre se va sumando gente de muchos lugares, porque es difícil encontrar en Argentina otro festival como el Hain, de trance, al aire libre, con campamento. Por suerte acá en Ushuaia pudimos generarlo y repercutió tanto la movida, que vino gente de Rumania, Chile, Buenos Aires, y muchos otros lugares. En general, en todas partes del mundo, estas fiestas son largas, durante el día y la noche, y eso permitió que la música fuera evolucionando hacia lo que es la música del día y la música de la noche, con marcadísimas diferencias. Ahí se bifurcó el camino dentro del mismo género, morning trance y night trance. Esa misma música de la noche se volvió a bifurcar, entre los que tienen un concepto más mecánico digital futurista (hight tech) y otros sonidos más introvertidos, más orgánicos (forest trance).


¿Qué suena en las Walanika Blast?
En las Walanika suena de todo. En un principio hacíamos un ciclo, las Jemmy Button´s Experience, que estaba destinado a la música más oscura, porque era la música que nos gustaba a nosotros, pero nos dimos cuenta de que puede ser difícil de escuchar. Sobre todo hace 10 años atrás, cuando todavía éramos muy pocos.

Con las Walanika Blast es diferente porque ahora somos más, hay un montón de gente que va aportando nuevas formas de hacer las cosas, nuevos estilos, y entonces la propuesta es mucho más rica. La idea es que tenga más presencia la diversidad, que se arme una parábola y una progresión entre distintos estilos, que empiece con algo más minimalista y termine con algo extremadamente complejo. La última hora de las Walanika siempre es más experimental, pero vamos preparando el oído de la gente para que cuando llegue ese momento, puedan disfrutarlo y dejarse ir. Arrancamos con house, tech house, progresive, que son estilos con BPMs más bajos y las fiestas pueden llegar a terminar con 180 BPMs que es bastante freak. Nosotros lo sabemos, y nos encanta. La idea es invitar y que se active la movida electrónica en Ushuaia. Que haya una circulación de los DJs que están acá y se genere un ambiente nocturno en el que pueden tocar, también con los VJs que hacen visuales y los diseñadores gráficos. Es importante poder generar ese espacio de expresión, invitando a distintos artistas, para que seamos más y porque la música que pasamos en las fiestas es realmente  la misma música que se podría escuchar en cualquier otra fiesta del mundo.


¿Con qué oportunidades y desafíos te encontraste en la organización de las fiestas?
Las oportunidades son todas, para hacer lo más genial que se te ocurra. Si yo estuviera en Buenos Aires no me pongo a hacer una fiesta, voy a una que ya está instalada. Acá está la oportunidad de generar el espacio y todos los que hacemos la movida somos conscientes de eso, que hay que generar y sostener los espacios. Hay un gran desafío en relación a los costos de logística, que son muy elevados. Y otro desafío que tenemos como sociedad es apoyar a la cultura local y a la gente que hace cosas.  Este apoyo a los actores locales hoy es muy poco. No hay salas de ensayo por ejemplo. En Río Grande hay una sala municipal y van un montón de bandas que no tienen lugar donde tocar. Ese espacio es importantísimo, y en Ushuaia no existe, es de gestión privada. Creo que ahí tenemos un gran desafío, en acompañar las propuestas locales, ir a ver a las bandas y a los DJs (se ríe).


¿Cómo siguen las Walanika Blast durante este año?
Nuestra intención es poder hacer un ciclo mensual, en donde tengamos en cada uno, un DJ invitado. Somos un grupo de DJs y VJs, y queremos invitar a otra gente a que se sume, porque sabemos que hay un montón de gente con mucha música para compartir. Ponemos un sonido muy bueno e invitamos a tocar y a bailar para que se genere esa cultura que es tan importante. Yo creo que va a haber un montón de Walanikas más, pero la idea es hacer una por mes. Va a haber una el 15 de abril y otra a mediados de mayo. Después tal vez habrá algún bonus track.

Ahora la tecnología a nivel audio y sonido, las bajas frecuencias, los parlantes de graves, permiten experiencias nuevas. El cuerpo te vibra, con parlantes de buena calidad que por suerte tenemos en las fiestas. Nos preocupamos por buscar qué es lo nuevo que podemos incorporar y que la gente la pase tan bien como nosotros. Así, un chico que ahora viene y baila y tiene una muy buena experiencia, tal vez en un año o dos se ponga a tocar. Queremos mostrar distintas opciones para que la gente pueda elegir. La experiencia de las fiestas en Café Latino nos está dando muy buenos resultados porque es un ambiente de mucho respeto, la gente viene, baila y están felices.



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